jueves, 5 de junio de 2014

Kubu. 21 de Octubre de 2013.

Kubu.
Reporte: 21 de Octubre de 2013.


Sería lindo que todas las historias tuvieran finales felices, donde todos jugamos y festejamos, donde perros, gatos y humanos encontramos la forma adecuada para resolverlo todo y, ser felices. Sin embargo, no es así. Pero todas las historias deben ser contadas.

Kubu significa "fortaleza", ¿por qué elegimos ese nombre para ella? porque con un poco de empatía, imaginándonos ser ella, una cachorra de seis meses o menos, abandonada, en extrema desnutrición había sobrevivido sola, vagaba por las calles buscando su alimento, sin un techo que la cobijara del frío o calor, sin una madre que la resguardara de los peligros del mundo del hombre, ella había aprendido a sobrevivir, porque no vivía, sobrevivía, sobrevivía al hambre, sed, terror, dolor...

Imaginarnos a nosotros mismos, teniendo seis años, sin ningún tipo de protección y caminando sin destino por las calles de una ciudad que es demasiado indiferente ante el dolor ajeno, es increíble, se necesitaría mucha fortaleza para ello. Y por increíble que parezca, los animales nos siguen superando en sobrevivir; Kubu lo hacía cada día; cada amanecer se despertaba buscanndo en la basura algo para comer, bebía probablemente de charcos sucios o drenajes, por las noches cuando tenía frío hacía un pozo y se acurrucaba en él. Sola. Durante la tarde vagaba esquivando coches, personas violentas que le arrojaban piedras, otros que la miraban con desprecio y la corrían.

Y así transcurrieron los días, semanas, meses y uno de esos días monótonos, en los que ella arriesgaba todo por encontrar una bolsa de basura con restos de comida podrida, lo que encontró fue a un humano, que por accidente, por descuido, por odio o por indiferencia, decidió no frenar, eligió no esquivarla, determinó que era necesario pasar su vehículo sobre el pequeño cuerpo de Kubu, porque era 'sólo un perro', fue entonces cuando conoció el infierno, no del que se habla en los libros, sino el real, el que sólo se puede sentir cuando alguien está solo y condenado a un sufrimiento que no comprende y del que no puede escapar pidiendo perdón.

¿Y por qué podría pedir perdón? ¿Por haber nacido? 






El reporte llegó a nosotros a las 12 de la tarde un 21 de Octubre del 2013, Kubu fue atropellada a las 9 de la mañana, pasó 3 horas sufriendo en soledad, a las 12 con 30 llegaron por ella. La subieron al coche como pudieron y la llevaron al veterinario.

En la Clínica Veterinaria Victoria se le puso un sedante para calmar su dolor; se le realizaron placas para determinar el daño real. Tenía 3 de sus patitas rotas, y heridas internas mortales.

Nuestro corazón se rompió, podremos decir que las sinapsis no se conseguían conectar con eficiencia, no pensábamos coherentemente, la queríamos salvar. ¡Era tan solo una cachorrita! Pero no era posible, no se podía hacer más por ella, pero tampoco podíamos dejarla ir, esperábamos un milagro, que al día siguiente amaneciera sana, que su cuerpo se regenerara y nada le doliera, pero no funciona así.

Kubu sufría, y las recomendaciones profesionales del veterinario eran dejarla ir con el menor sufrimiento posible.

Hubo mucho silencio, lágrimas y luchas internas.



¿Cómo era posible que alguien hubiera acabado con la vida de una bebé? Porque eso era ella, una bebé, una bebita de seis meses, que un día tuvo una mamá que la amamantó, que la abrazó contra su pecho, sin embargo ahí estaba, rota, como rotas muchas esperanzas.

Sin embargo hay cosas que nunca comprenderemos, y por más que éste sea nuestro 'trabajo' diario, nos sigan rompiendo el espíritu. Pero después de dejarla ir, en paz, después de dejarla cerrar sus ojitos y sus heridas en otro plano, conectarse con el Todo y el Universo, después de que ella suspiró y abandonó el dolor, todo tuvo sentido.

Ella fue un ser de luz que tenía qué enseñarnos algo, Kubu nos enseñó que la fortaleza no se lleva en el cuerpo o en la edad, tampoco en la indiferencia que podamos dar al mundo, la fortaleza, la verdadera se lleva en el alma, en lo que somos en el interior. Ella a pesar de ser pequeñita, fue fuerte, fue un gran guerrero que luchó hasta el último instante por su vida y por ser feliz.

Kubu nos dejó el corazón roto pero nos acogió en su ser de luz.

Cada día que despertamos, pensamos en cada uno de los que no hemos podido ayudar a vivir, pero lo hacemos de una forma positiva, creyendo fielmente que nos dejaron algo para seguir ayudando a los demás seres que lo requieren. Kubu, una guerrera hermosa, se convirtió en el suspiro cuando vemos a un ser indefenso, pero eso no significa nada si pasamos de largo. Para honrar su vida, tenemos que hacer algo al respecto, salir de nuestra zona de confort y exponernos al dolor, ayudarlos aún cuando perdamos algo en el proceso.

Kubu está siempre con nosotros, Kubu es parte del todo, de cada día y cada noche, de cada perrito que no podemos rescatar y cada gatito que abrazamos, del cachorro que nos lame con emoción  y del adulto que casi no se levanta por su edad.

Honremos a Kubu, ayudando a otros que lo necesiten.

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